Genomines ha desarrollado una técnica que rompe con la lógica tradicional de la minería: extraer níquel directamente desde plantas cultivadas en suelos contaminados o no aptos para la agricultura. Esta solución no solo reduce drásticamente el impacto ambiental, sino que ofrece una respuesta concreta a la creciente demanda de metales estratégicos, en particular para la fabricación de baterías de vehículos eléctricos.
A diferencia de la minería convencional, que devasta ecosistemas, emite grandes cantidades de CO₂ y genera residuos tóxicos, esta forma de agrominería es carbono neutral, eficiente en el uso del agua, y contribuye a regenerar suelos degradados. No se trata de una promesa lejana: la startup francesa ya opera en varios países y tiene previsto cultivar 75.000 hectáreas para 2030, con una producción estimada de 75.000 a 150.000 toneladas de níquel.
El proceso desarrollado por Genomines se basa en plantas hiperacumuladoras: especies capaces de absorber grandes cantidades de metales pesados del suelo sin morir en el intento. Aunque no transgénicas, estas plantas han sido optimizadas mediante biotecnología avanzada para mejorar su rendimiento sin modificar su ADN.
En un ciclo de entre 4 y 6 meses, las plantas crecen, acumulan el níquel, se cosechan, se secan y se someten a dos tratamientos (térmico e hidrometalúrgico) para extraer el metal. El resultado es un níquel validado por fabricantes de baterías, con una calidad comparable a la obtenida por métodos extractivos convencionales, pero con una huella ecológica 95 % menor en emisiones.
Uno de los grandes logros de Genomines ha sido identificar 35 millones de hectáreas en el mundo con presencia de níquel insuficiente para justificar minería tradicional, pero demasiado alta para cultivar alimentos. Estos suelos, considerados «tierra perdida», ahora se convierten en activos estratégicos que pueden generar valor sin competir con la agricultura ni causar nuevos daños ambientales.
La empresa planea instalar su primera planta de procesamiento en Europa, probablemente en los Hauts-de-France, una región históricamente industrial y con fuerte apuesta por la transición ecológica. Desde allí, prevé construir una gigafactoría que cierre el ciclo de extracción y refinado con criterios de economía circular.
La iniciativa no camina sola. Genomines ha sido reconocida por múltiples programas de innovación climática como CDL Climate de HEC o 21st de CentraleSupélec y AgroParisTech, y trabaja en colaboración con institutos científicos como CNRS Innovation. Esto garantiza no solo rigor técnico, sino también una visión de largo plazo orientada a escalar su modelo sin perder el enfoque sostenible.
Con un primer financiamiento de 4,5 millones de euros ya asegurado y una nueva ronda en curso por 50 millones, la startup avanza hacia la industrialización. El interés por parte de grandes fabricantes de baterías ya se ha traducido en entregas de muestra y negociaciones avanzadas para contratos comerciales.
