En la localidad de Tilisarao rige desde el 19 de octubre de 2016 la ordenanza Nº 246 que prohíbe el uso y la comercialización de pirotecnia sonora en todo el ejido municipal. Fue uno de los pueblos pioneros dentro de la provincia en contar con una herramienta de esta naturaleza.
En 2024, a ocho años de entrada en vigencia de la norma, las autoridades locales hacen la vista gorda de la regla y están permitiendo que los estruendos invadan el normal desarrollo de la vida de esta comunidad del Valle del Conlara.
Es una situación que con el correr de las horas se agrava por la cercanía de las celebraciones de Fin de Año.
Ante este cuadro, familiares de niños y niñas con Trastorno de Espectro Autista (TEA) están indignados con el intendente, Juan Manuel Olguin, por la falta de controles o sanciones y evalúan hacer una presentación judicial porque aseguran haberse contactado con autoridades municipales, pero las respuestas son evasivas.
“Todos saben donde venden petardos y nadie hace nada”, le dijo a La Provincia Diario la mamá de un niño con TEA, quien se lamentó por las graves consecuencias que padece su hijo por las explosiones.
“Anoche los vidrios de casa vibraron a las 23:55 por un tipo rompeportones que tiraron” señaló la mujer que vive a escasos 300 metros del edificio municipal.
Las motos con escape libre
En Tilisarao, al problema de esta época con la pirotécnia, se le suma un drama que padecen todo el año: las motos con escape libre, que parecen multiplicarse mes a mes ante la falta de un control eficiente por parte de la policía y los inspectores municipales cuyos miembros también crecieron al ritmo de las infracciones pero manteniendo el status quo, o sea todo sigue igual o peor.
Las motos rugen en la cara de los efectivos policiales o de los agentes comunales, en especial en la zona de la plaza principal “San Martín” e impunemente siguen viaje, sin casco, sin patentes en los rodados y en algunos casos los conductores son menores de edad.
