Las explosiones en las canteras mineras cubrieron por completo al pueblo con una densa capa de polvillo. El intendente Diego Lorenzetti inició acciones legales contra la firma Cementos Avellaneda ante lo que consideran un grave atentado a la salud pública.
La fisonomía habitual de la localidad minera de La Calera se vio severamente alterada en las últimas horas debido a una serie de fuertes voladuras en las canteras de la zona, las cuales generaron una densa nube de polvo en suspensión que cubrió por completo las calles y viviendas del casco urbano.
El fenómeno redujo la visibilidad a niveles críticos y disparó las alarmas sanitarias, motivando una denuncia formal por parte de las autoridades municipales.»El pueblo fue como que se tapó completo y se perdió con el polvo. No se veía nada, era todo a ciegas», relató un vecino visiblemente afectado por la polución ambiental que ingresó a los hogares.
Los habitantes denunciaron además que las vibraciones en el suelo causaron rajaduras estructurales en viviendas y dependencias públicas, un problema crónico que se intensificó con las últimas detonaciones.
Ante la magnitud del evento y el descontento de la comunidad, el intendente municipal, Diego Lorenzetti, radicó denuncias formales ante organismos públicos y la justicia. La presentación apunta directamente contra la firma Cementos Avellaneda, principal operadora de los yacimientos calcáreos del sector.
Según fuentes del Ejecutivo local, se notificó en primera instancia al director de la compañía minera, quien desconoció si el episodio correspondía a una detonación de su firma. Esta respuesta fue catalogada desde la intendencia como «una falta de respeto a la comunidad».
Lorenzetti remarcó de manera tajante que el cuidado, la dignidad y la salud de los habitantes de La Calera «es innegociable», y no se descarta ampliar la carátula judicial a la de «grave atentado contra la Salud Pública».
Convivencia económica versus crisis ambiental
El conflicto expone una división profunda en el tejido social de La Calera. En los grupos comunitarios y la plaza principal frente a los comercios, las posturas oscilan entre la urgencia ambiental y la necesidad laboral.
Mientras un sector de los residentes exige frenar las cargas explosivas y mudar las operaciones de las canteras más próximas (como «La Puntana» y «Calera») hacia zonas retiradas, otros se muestran cautos por temor a perder los empleos que sostienen la economía regional.
Especialistas locales señalaron que las intensas ráfagas de viento registradas en la región favorecieron el rápido desplazamiento del material particulado directamente hacia las zonas residenciales. Sin embargo, la persistencia del polvo blanquecino suspendido en el aire durante horas demuestra la falta de protocolos eficientes de mitigación y riego por parte de las empresas mineras para contener la polución antes y después de cada fragmentación de roca.
Por el momento, la comunidad permanece en estado de alerta epidemiológica a la espera de inspecciones de los entes de control ambiental provinciales, en un conflicto que promete sumar nuevos capítulos en los tribunales de San Luis.
