Desde principios de la pandemia en 2020 no se veía tal magnitud de cancelaciones repentinas de viajes. En apenas tres días, del sábado al lunes, las aerolíneas chinas registraron más de 500.000 cancelaciones de billetes a Japón, sobre todo afectando a la conexión más frecuente, de Shanghai a Tokio. 

Ayer, se suspendieron el 75,6% del total de reservas, incluyendo los famosos viajes grupales a un destino normalmente muy popular entre los turistas chinos. Las compañías aéreas, cumpliendo su promesa, están reembolsando a los clientes la totalidad del precio de los vuelos.

Los analistas estiman miles de millones de yuanes en pérdidas. Pero esto último pasa a un segundo plano porque todo transcurre en el marco de una disputa diplomática que toca el orgullo nacional de China y que ha despertado, otra vez, los arraigados sentimientos antijaponeses.

En esta ocasión, las tensiones entre los dos vecinos asiáticos se dispararon a principios de mes tras una sugerencia de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, sobre que Tokio podría desplegar sus fuerzas militares en caso de un ataque chino a Taiwan. Unas palabras que cruzaron una línea roja para Pekín, hipersensible siempre ante cualquier cuestión en torno a la isla autogobernada que considera una provincia separatista.

Las autoridades del gigante asiático, alegando motivos de seguridad, advirtieron el fin de semana a sus ciudadanos que no viajaran a Japón. Esto propició una ola de cancelaciones de viajes. El lunes, la noticia destacada fue el desplome de las acciones de varias importantes empresas japonesas relacionadas con el turismo y el comercio. Según datos de las autoridades japonesas, China fue la principal fuente de turismo para el país en los primeros nueve meses de este año, con aproximadamente 7,49 millones de viajeros.

Además, según han informado medios chinos, empresas estatales del gigante asiático están prohibiendo a sus empleados viajar a Japón y se habrían suspendido algunos foros bilaterales económicos previstos para los próximos meses.

Pero la presión económica de China va más allá: las distribuidoras cinematográficas chinas han suspendido o pospuesto el estreno de al menos dos películas japonesas. Mientras, la propaganda oficial continúa con su amenazante campaña contra Tokio.

«El Gobierno de Takaichi corre el riesgo de convertir a todo el país en un campo de batalla si decide intervenir militarmente en el estrecho de Taiwan», advierte un editorial del Diario del Pueblo, el periódico oficial del gobernante Partido Comunista Chino (PCCh). 

«Las declaraciones erróneas de Takaichi invocan el espíritu del militarismo. Menos de un mes después de haber asumido el cargo, Takaichi se ha convertido en la primera líder japonesa en ejercicio que defiende abiertamente esta peligrosa postura que puede empujar al país a repetir errores de su pasado».

En este escenario de tensión, la Administración de Seguridad Marítima de China emitió anoche una alerta sobre ejercicios con fuego real en zonas del sur del Mar Amarillo, que separa el este de China de las costas de Corea del Sur y Japón. Según el anuncio, las maniobras militares comenzarán este martes y se extenderán hasta el 25 de noviembre.

Desde Tokio advirtieron en las últimas horas a sus ciudadanos que residen o están de visita en China que «intensifiquen las precauciones de seguridad y eviten los lugares concurridos».