La ciudad brasileña de Río de Janeiro amaneció este martes con intensos tiroteos en dos grandes barriadas en el marco de una de las mayores operaciones policiales de los últimos años.
Al menos 120 personas han muerto (incluidos cuatro agentes) y decenas han sido detenidas, según informó el diario O Globo.
Las autoridades han desplegado unos 2.500 policías en la megaoperación para frenar la expansión del crimen organizado, que ha respondido a balazos e incluso con lanzamiento de granadas desde drones contra los agentes, según el secretario de Seguridad Pública de Río.
El gobernador de Río, el bolsonarista Claudio Castro, ha pedido ayuda a las Fuerzas Armadas porque “es una guerra que nada tiene que ver con la seguridad urbana”.
Las balaceras han obligado a suspender las clases en 45 colegios y a desviar 12 líneas de autobús.
El principal objetivo de la operación policial es el jefe del Comando Vermelho en una barriada carioca llamada Complexo da Penha. El CV es un grupo criminal que se dedica al tráfico de drogas, entre otras actividades ilícitas, que nació en 1979 en una cárcel de Río, se ha expandido a otros Estados en los últimos años y es la segunda mafia más poderosa de Brasil.
Los agentes buscan al capo Edgar Alves de Andrade, apodado Doca, y a decenas de sus lugartenientes. Han detenido al menos a 80 personas. Para atraparlos han realizado un espectacular despliegue que incluye, además de los 2.500 agentes, una treintena de vehículos blindados, dos helicópteros, drones policiales y una docena de vehículos de demolición.
El gobernador Castro ha afirmado, en una comparecencia, que “Río está sola en esta guerra” alimentada por “armas que vienen del narcotráfico internacional”. Se ha quejado de que las Fuerzas Armadas rechazaron tres veces sus peticiones para que le enviaran blindados de apoyo.
