Los reportes oficiales confirman que el fenómeno ya está activo en el Pacífico. Pronostican un marcado incremento de lluvias torrenciales y tormentas persistentes durante la primavera y el verano
Lo que comenzó como una tendencia climática en el Océano Pacífico ya es una realidad estadística que mantiene en vilo a las autoridades de San Luis y de gran parte del país.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ratificó que el fenómeno de El Niño entró en su fase cálida activa y las proyecciones detallan que su mayor impacto en la provincia de San Luis comenzará a materializarse a partir de octubre, consolidando un periodo de alta inestabilidad que persistirá durante toda la temporada estival de 2026-2027.
A diferencia de los ciclos de sequía extrema provocados por «La Niña» en años anteriores, la llegada de este «Súper El Niño» alterará de forma drástica el régimen hídrico y térmico de la región central del país.
Científicos advierten que el acoplamiento atmosférico generará un ingreso constante de masas de aire húmedo, propiciando un escenario de precipitaciones excepcionales.
¿Qué consecuencias tendrá en San Luis?
Aunque la intensidad de El Niño no se traduce linealmente en inundaciones automáticas para todo el territorio, las características geográficas y serranas de San Luis elevan el nivel de riesgo ante eventos meteorológicos extremos.
Los principales especialistas e informes gubernamentales señalan los siguientes impactos:
Tormentas severas y lluvias concentradas: Se prevé el desarrollo de precipitaciones copiosas y persistentes (temporales de 3 a 5 días continuos de mal tiempo). En las zonas serranas, el riesgo principal radica en las crecidas repentinas y violentas de ríos y arroyos en pocas horas.
Temperaturas estivales más moderadas: Históricamente, los eventos intensos de El Niño tienden a registrar veranos con temperaturas máximas más atenuadas o inferiores a lo normal en la región de Cuyo debido a la constante nubosidad y persistencia de humedad.
Presión sobre la infraestructura urbana y hídrica: Localidades con sistemas de drenaje saturados podrían sufrir anegamientos y colapsos hídricos ante la caída de grandes volúmenes de agua en cortos períodos de tiempo.
Impacto en el sector agropecuario: Para el sector ganadero y agrícola, el superávit hídrico representa un alivio frente a las sequías pasadas, pero abre frentes de alarma. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) recomendó vigilar el ascenso de las napas freáticas, reevaluar las fechas de siembra en zonas bajas y prever el movimiento de hacienda para evitar pérdidas por anegamiento de campos.
Plan de contingencia provincial:
Ante un panorama que los funcionarios califican como «excepcional», el gobierno de San Luis, a través de la sociedad estatal San Luis Agua, ya puso en marcha un agresivo plan preventivo que registra más del 90% de avance.Entre las medidas adoptadas, se destaca el reencauzamiento de ríos en más de 20 puntos críticos propensos a afectar poblaciones y el mantenimiento a fondo de los descargadores de los diques provinciales para regular de manera óptima los embalses.
Asimismo, se han adquirido nuevos pluviógrafos para optimizar el monitoreo en tiempo real y se coordinan acciones logísticas junto al Comité de Operaciones de Emergencia (COE) y los intendentes locales.Las autoridades locales insisten en que el monitoreo diario de los alertas a corto plazo y la limpieza de desagües municipales serán los factores determinantes para mitigar los daños de un fenómeno que promete marcar un récord histórico en el Cono Sur.
