El historiador Juan Bautista Muñoz no descartó que esta fotografía haya sido tomada el día de la inauguración.El historiador Juan Bautista Muñoz no descartó que esta fotografía haya sido tomada el día de la inauguración.

Reversionando la frase del emperador Augusto en el Foro de la Antigua Roma “todos los caminos llevan a Roma”, en San Luis se puede afirmar que “todos los caminos conducen a Renca”.

La histórica comunidad, considerada “Madre de ciudades”, realizó aportes clave y decisivos -hoy no tan visibilizados- para la construcción de la provincia y también de la Nación Argentina.

Pasan los años y los datos de la realidad van mostrando que Renca fue un faro que iluminó a la puntanidad para su desarrollo.

Otra muestra de esa afirmación se cumplió ayer 25 de mayo porque el edificio donde funcionó el primer establecimiento educativo formal del pueblo celebró sus 150 años desde su inauguración.

Bajo esas paredes nació la Escuela Superior N° 73 “Los tres granaderos de Renca”. Vale aclarar que previo a la habilitación de esta construcción, los niños renqueños recibían instrucción escolar en casas particulares.

Documentación y archivo de Juan Bautista Muñoz, hoy en custodia de su hijo Néstor Juan Muñoz

El edificio fue puesto en valor y declarado Casa Histórica Provincial “Gobernador Santos Ortiz». Es, además, por decreto la segunda sede de la gobernación de San Luis.

La obra pública que se inauguró en Renca el 25 de mayo de 1874 se concretó gracias a una orden expresa del por entonces presidente de la Nación, Domingo Faustino Sarmiento. En San Luis en esa época gobernaba la provincia el renqueño Lindor Quiroga.

Las gestiones ante Sarmiento y su ministro de Educación, Nicolás Avellaneda, fueron realizadas por una comisión integrada por los siguientes vecinos de Renca: Santos Allende, Adolfo Ortiz, Simón Domínguez, Julián Perea, Antonio Torre, Ignacio Perea, Cleofe Domínguez, Demetrio Lucero, Julio Levignthon, Carmen Domínguez y Alejandro Martínez.

Según consta en los archivos históricos, las tratativas con la presidencia de Sarmiento dieron inicio en febrero de 1870.

El primer director de la escuela fue Don Saturnino González Camarero, uno de los próceres de la educación puntana.

González Camarero era español, egresado de Maestro Normal en la Escuela Normal Superior de Madrid, España.

Uno de sus primeros alumnos fue Raúl Basilio Díaz, considerado “el gran docente argentino” por el valioso aporte que realizó a la educación argentina.

González Camarero se desempeñó cuatro años en Renca y luego, en 1878, fue trasladado a Villa Mercedes, donde inauguró y dirigió la Escuela Graduada (hoy “Esteban Pedernera”), permaneció en esta ciudad por cinco años, desempeñándose también en otras escuelas.

Años más tarde, el Consejo Nacional de Educación lo designa Director de la Escuela Elemental de Varones N° 11, de General Acha en La Pampa. Allí permaneció 14 años, hasta 1909 en que el Congreso de la Nación le otorga una Pensión.

Saturnino González Camarero era maestro de alma; trabajador, franco y recto en el decir y en el accionar.

Refiriéndose a la educación, sostenía: “En una Escuela lo es todo el personal. Si el personal es bueno la escuela será buena y dará el fruto que se desea de esta sagrada y civilizadora institución; si es malo, la escuela, siendo forzosamente mala, no sólo derrocha infructuosamente el presupuesto dedicado a su sostén, sino que la población se desalienta y desmoraliza, pierde la fe en la eficiencia de estos establecimientos y descuida o aborrece lo más santo, lo que más le interesa; y la educación y la cultura de sus hijos, sin la cual se quedan miserable e ignominiosamente postergados en el camino de la civilización”.

Volviendo a la Casa Histórica, con sus flamantes 150 años de vida, en la actualidad alberga objetos y exposiciones que recuerdan a los cinco gobernadores puntanos nacidos en la localidad de Renca y a los tres granaderos que ofrendaron sus vidas a la patria en la Gloriosa Batalla de San Lorenzo: Januario Luna, Basilio Bustos y Gregorio Franco.

En el patio de la Casa domina la escena un enorme retoño del pino de San Lorenzo, donde bajo su sombra San Martín escribió el parte de guerra.