El futuro de la revolución cubana, acostumbrada a superar todas las crisis desde que echó del poder al dictador Fulgencio Batista en 1959, se ha ensombrecido con la administración Trump tanto como la oscuridad de las calles de La Habana, afectadas por los apagones contínuos, que en algunos barrios duran ya más de veinte horas al día.

Mientras el ministro cubano de energía, Vicente de la O Levy, admitía sin ambages que el país se ha quedado sin una gota de diésel y fuel, Donald Trump ni siquiera esperó a volver de China para enviar un recado personal al régimen comunista. El mensajero fue el director de la CIA, quien este jueves notificó al gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel que la cuenta atrás está en marcha y que Raúl Castro, el ex jefe de Estado y hermano menor del líder revolucionario ya fallecido Fidel Castro, deberá purgar en persona las casi siete décadas de comunismo.

El jefe del espionaje estadounidense aterrizó en La Habana sin pompa ni anuncio, de incógnito, para reunirse con el responsable de la inteligencia cubana, Ramón Romero Curbelo, otros funcionarios de alto nivel y el mediador Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del caudillo que controló el partido comunista cubano hasta 2021 y que sigue siendo una figura política influyente en el Gobierno de la isla antillana. Rodríguez Castro ya se había entrevistado en secreto en febrero pasado con el secretario de Estado, Marco Rubio, aprovechando una cumbre regional en San Cristóbal y Nieves.